En un futuro no muy lejano en la ciudad incolora, insabora e insensible dos que caminan separados por el grosor de sus ropas anti-frío, anti-peste, antídoto a la nada, no pueden creer que dos que se miran y se sonríen sin barbijo calienten sus mejillas de invierno con sólo mecerse en la mirada del otro.
- Son lunáticos! -dice barbijo color crema a barbijo color crema clarito.
- Cómo se atreven! -replica barbijo color crema clarito.
..."El gobierno recomienda, por su salud y la de sus compatriotas: el uso irrestricto de barbijos, el uso irrestricto de chaleco antibalas, la suspensión de besos de cualquier tipo y factor, la suspensión del habla hacia cualquier otro ser viviente, el no uso de colores y/o fragancias que pudieran llamar la atención de biótico alguno (PPDVV: prominente portador de viruses varios), la restricción de ingesta o posesión de seres del reino vegetal,ya que es sabido pueden absorber el virus y largarlo, quedando mediante la fotsíntesis, tanto el vegetal como el ambiente circundante totalmente infectados. Y por sobre todas las cosas, si usted conoce o sospecha de alguien infectado recuerde que es su deber cívico el aislarlo de todo contacto vital, de esta manera se evitará el contagio, y a dicha persona le servirá para que, si sobrevive, recapacite sobre sus errores cívicos al contraer la enfermedad.."
(pipi... pipi) Qué poco amor a la humanidad!
(pipi... pipi) Qué poco amor a la humanidad!
Casualmente ambos mensajes de texto llegaron al unísono a sendos celulares, barbijo color crema desde su casa y barbijo color crema clarito desde la suya, claro.
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lunes, 17 de agosto de 2009
martes, 10 de febrero de 2009
La tragedia de Norberto
Resulta ser que debajo de un gran árbol de tamarindo, justo del lado de la costa Este, descansa el pueblo de Cascarulandia del Este (valga la redundancia). Viven actualmente en este pueblo doce familias de cascarudos. Doce mas uno, Norberto, que por ser huérfano no censa como familia.
Norberto es un reciente señor cascarudo. Apenas ha dejado la niñez, mas ha tenido que adecuarse presurosamente en la adultez, puesto que ha devenido (desgraciadamente) en amo de su propio hogar.
La tragedia sucedió una noche de luna nueva, de esas en las que no se aconseja salir ya que la luz es escasa. Pero aquel día era el cumpleaños de la abuela Berberecha, que cumplía sus primeros 960 ciclos lunares, y caparazón duro como era, había insistido en hacer una parafernálica celebración en la cueva de la tía Estalimbasta. La tía vivía en las afueras del pueblo, casi llegando a Cascarulandia del Norte.
Aquella era una noche de gran emoción para Norberto, que esperaba con ansías el momento en que, detrás de algún montículo de arena, tuviese la oportunidad de frotar sus patas traseras contra las de Parsimonia, la joven y bella cascaruda que ayudaba a la abuela a hacer las tareas del hogar, ya que, a raíz de su reciente rasgadura de caparazón, sus movimientos estaban severamente limitados.
Asi es que Norberto habiase aseado hasta el cansancio, mamá Eduarda había empirifollado hasta el último recodo de su escaso cuerpo y papá Adelmiro, no queriendo ser menos, había colocado una diminuta flor de tamarindo sobre su torso. Partieron entonces. Todo marchaba a la perfección, papá Adelmiro silbaba y mamá Eduarda cantaba y Norberto ensayaba pasos de baile al tiempo que se apresuraba para no rezagarse en la noche oscura.
Tal vez fue la algarabía que generaron lo que les impidió escuchar el ruido del motor. Tal vez fue que Adelmiro y Eduarda estaban demasiado enamorados para dejar de mirarse y que Norberto solo miraba sus pies, que no pudieron verlo venir. Probablemente haya sido la sumatoria de todas estas cosas la que permitió que la rueda del buggy pasara cual prensa por sobre los cuerpos de aquellos dos cascarudos padres de un cascarudito que por rezagado se salvó la vida.
Hoy Norberto vive sumido en una profunda depresión. Marcado para siempre, tiene por creencia que la felicidad y la alegría llevó a sus padres a la muerte, es por eso que desde entonces no sonríe, ni baila, ni mucho menos piensa en Parsimonia, porque pensar en ser feliz le da un miedo atroz. Norberto cree que a cabeza gacha, con aspecto triste y andar amargado le escapa a la muerte.
(!Shhhh!) Norberto no sabe que le escapa a la vida.
Norberto es un reciente señor cascarudo. Apenas ha dejado la niñez, mas ha tenido que adecuarse presurosamente en la adultez, puesto que ha devenido (desgraciadamente) en amo de su propio hogar.
La tragedia sucedió una noche de luna nueva, de esas en las que no se aconseja salir ya que la luz es escasa. Pero aquel día era el cumpleaños de la abuela Berberecha, que cumplía sus primeros 960 ciclos lunares, y caparazón duro como era, había insistido en hacer una parafernálica celebración en la cueva de la tía Estalimbasta. La tía vivía en las afueras del pueblo, casi llegando a Cascarulandia del Norte.
Aquella era una noche de gran emoción para Norberto, que esperaba con ansías el momento en que, detrás de algún montículo de arena, tuviese la oportunidad de frotar sus patas traseras contra las de Parsimonia, la joven y bella cascaruda que ayudaba a la abuela a hacer las tareas del hogar, ya que, a raíz de su reciente rasgadura de caparazón, sus movimientos estaban severamente limitados.
Asi es que Norberto habiase aseado hasta el cansancio, mamá Eduarda había empirifollado hasta el último recodo de su escaso cuerpo y papá Adelmiro, no queriendo ser menos, había colocado una diminuta flor de tamarindo sobre su torso. Partieron entonces. Todo marchaba a la perfección, papá Adelmiro silbaba y mamá Eduarda cantaba y Norberto ensayaba pasos de baile al tiempo que se apresuraba para no rezagarse en la noche oscura.
Tal vez fue la algarabía que generaron lo que les impidió escuchar el ruido del motor. Tal vez fue que Adelmiro y Eduarda estaban demasiado enamorados para dejar de mirarse y que Norberto solo miraba sus pies, que no pudieron verlo venir. Probablemente haya sido la sumatoria de todas estas cosas la que permitió que la rueda del buggy pasara cual prensa por sobre los cuerpos de aquellos dos cascarudos padres de un cascarudito que por rezagado se salvó la vida.
Hoy Norberto vive sumido en una profunda depresión. Marcado para siempre, tiene por creencia que la felicidad y la alegría llevó a sus padres a la muerte, es por eso que desde entonces no sonríe, ni baila, ni mucho menos piensa en Parsimonia, porque pensar en ser feliz le da un miedo atroz. Norberto cree que a cabeza gacha, con aspecto triste y andar amargado le escapa a la muerte.
(!Shhhh!) Norberto no sabe que le escapa a la vida.
martes, 2 de diciembre de 2008
Elena
Una habitación amplia. Sus altos techos hacen que el aire se enfríe, porque no tiene la necesidad de tocarse. En las paredes, la pintura esta ajada y en algunos lugares ya ha desistido a permanecer unida al revoque, puesto que falta el calor que expanda la materia. Esas paredes fueron blancas. Fueron luz. Fueron. Y ahora son porque no les queda otra. Al fondo, reposa, encastrado por siempre y para siempre en la pared, el hogar. Este hogar supo tener leña, ahora sólo sabe de cenizas, restos de lo que alguna vez tuvo vida. El piso, que supo de tacos y smoking, supo también de gotas de coñac derramadas con asombro por un brusco movimiento del caballero que alguna vez tomó a Elena por la cintura (Elena supo tener cintura) con su brazo fuerte y que, posando sus labios secos de fumador la besó con tal pasión que a Elena (que supo tener labios suaves como la seda china, los cuales pintaba color flor de ceibo) le transpiraron las puntas de los pies.
Justo en el punto por donde todas las líneas se rozarían, si decidiéramos que el piso fuese un asterisco, hay una mecedora. Pero no esperemos encontrar aquí a Elena, tejiendo gorros a crochet con minúsculos lentes sobre su tabique. No. Porque Elena supo. Y así como supo, nunca dejará de saber. Entonces Elena baila. Y ríe a carcajadas, y su risa hace eco en las displicentes paredes y pareciera que mil Elenas ríen con Elena. Y Elena pasa el dedo por las gotas de coñac, y se chupa el dedo ennegrecido por el polvo y guiña el ojo izquierdo con una sonrisa picara y el caballero le devuelve la sonrisa. Y con desmesurado frenesí ella se revuelca por el piso abrazando esa porción de moléculas que ya no están frías porque ella las rodeó y las puso todas apretadas, todas las unas sobre las otras, sudando.
Elena está sola, pero bien acompañada.
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